Innovator’s Act – Protejamos la web como espacio para las empresas emergentes y la innovación 2016-11-02T11:48:16+00:00

Hazte oír ante la UE

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La Comisión Europea acaba de lanzar una consulta (véase aquí) sobre la creación de un nuevo «cuasiderecho de autor» a escala de la Unión para los editores de noticias, libros, contenidos científicos, etc. Se basa en el debate relativo a los «derechos auxiliares» sobre los fragmentos que conocemos por Alemania y España. No obstante, en este caso afecta a toda la Unión e incluiría no solo los fragmentos en línea (utilización de breves extractos de texto), sino todos los demás aspectos, tanto en línea como fuera de línea, del contenido publicado.

¿Por qué debería importarles a las empresas emergentes?

En España y Alemania las empresas emergentes se han visto gravemente perjudicadas por cuestiones similares. De hecho no está claro lo que una empresa emergente puede hacer con contenidos y fragmentos desde un punto de vista legal, y esta inseguridad jurídica repercute en dónde se construye la empresa emergente o en cómo los inversores de capital de riesgo y de otro tipo evalúan el negocio. Tenemos constancia de que algunas empresas emergentes, principalmente de España y Alemania, ya han mostrado su descontento con los planes, pero también se han pronunciado el sector académico, los editores, los periodistas o los consumidores. Y aun así, la Comisión Europea publicó una consulta sobre el tema justo antes de Pascua.

El contenido resulta preocupante y se percibe como el empeoramiento de una idea mala de por sí, y ha recibido críticas de diversos grupos de derechos digitales y del mundo académico.

Se trata de algo serio: ahora todo lo que se publique en formato escrito en Internet estará amparado por un nuevo derecho de autor para los editores. Esto no solo afecta al uso de fragmentos y citas textuales, sino también al uso de cualquier contenido web en tus productos, contenidos generados por los usuarios y análisis de datos web. También es probable que haga que las entidades de gestión de derechos de autor, como es el caso de España y Alemania, se involucren más en la gestión de estos millones de derechos de autor nuevos, y que estas entidades presenten más demandas de derechos de autor con respecto a lo que las empresas emergentes hacen con los contenidos.

¿Qué puedes hacer?

Pronunciate y hazte oír. Directamente a la Comisión Europea a través de nuestra carta conjunta y nuestra guía de respuestas. Díselo también a tus amigos y compártelo.

Trabajaremos duro para asegurarnos de que tu voz llega hasta los políticos y los Gobiernos para combatir esta propuesta.

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A continuación tratamos ciertos aspectos en mayor profundidad:

 

Algunos editores de noticias alegan que para enlazar hace falta la autorización de los derechos de autor. Han adoptado, con mucho, el punto de vista más extraño, según el cual para navegar por Internet hace falta permiso. (Lee esto); otro afirmó que enlazar era ilícito; a pesar de que el Tribunal Europeo de Justicia dictaminó que para enlazar no es preciso autorización de derechos de autor, la cuestión perdura.

Un argumento a favor de un derecho de autor por copia de tales características es obtener una «compensación» mayor en concepto de copia privada y reprografía (importe que cobran las entidades de gestión de derechos de autor por las impresoras, fotocopiadoras, etc.). No obstante, que no te engañen: este dinero no irá a parar a los autores, sino a las grandes entidades de gestión.

Cabe mencionar, no obstante, que hasta algunos editores con visión de futuro no están de acuerdo (véase aquí, aquí y aquí).

Si tu aplicación o negocio se vale de contenidos de Internet, es probable que te afecte, más aun si algunos de los contenidos son noticias.

Los servicios que agregan, comparten o indexan contenidos, o que trabajan en el ámbito de los contenidos de noticias, se han visto afectados con extrema contundencia en España, por ejemplo, y han tenido que cerrar. Existe un estudio en el que se retrata el impacto de la legislación que cita varias empresas emergentes que tuvieron que cerrar, como por ejemplo Planeta Ludico, NiagaRank, InfoAliment y Multifriki[1].

Quizá hasta sea preferible una muerte rápida, ya que son pocas las empresas emergentes que disponen del ejército de abogados que hace falta para enfrentarse a una demanda por derechos de autor. Son innumerables las formas en que los nuevos derechos sobre los contenidos en línea y los fragmentos suponen un riesgo. Además, las demandas no redundan en beneficio directo de los autores, sino que están impulsadas por grandes titulares de derechos y entidades de gestión.

Por otro lado, el riesgo legal equivale al ritmo de consumo y, por ende, se ahuyenta a los inversores. Los donantes no van a apoyar una empresa emergente si creen que hay riesgos legales. Javier Sardá, fundador de NewsletterBreeze, afirma: «Perdimos tres cuartas partes de los clientes que habíamos ganado durante los pocos meses anteriores. Ninguno de los clientes que estaba probando el servicio se hizo cliente. Tenían miedo de que les cobrasen una tasa de importe desconocido. De un día para otro, el futuro prometedor que nos aguardaba se volvió muy negro». Ricardo Galli, cofundador de la empresa emergente española Menéame, afirma: «Codifica en la ley [española] la creación de un cártel extractivo, penaliza la innovación y desarrollo de nuevos productos digitales, perjudica a los medios más pequeños que dependen en mayor medida de las redes sociales para su divulgación y crecimiento, pone en situación de inseguridad económica a empresas como Menéame».

[1] http://www.aeepp.com/pdf/InformeNera.pdf

Este derecho no está concebido para ayudar a los editores en línea. Está concebido para proteger a los editores de medios impresos establecidos y a sus negocios de la competencia en línea.

Si te vales de la web o de aplicaciones para llegar a tu audiencia, en adelante te resultaría más difícil. Ya no podrás contar con el tráfico procedente de los servicios y plataformas en línea, incluidas las redes sociales. Esencialmente, tu tráfico en línea disminuirá. Los propios editores de noticias sufrieron pérdidas en España (10 millones de euros anuales, según un informe encargado por algunos editores españoles). Sin embargo, los que sintieron la mayor caída en el tráfico fueron los editores más pequeños o en línea.

No recibirás ningún ingreso en concepto de «reprografía» o «copia privada», ya que ese dinero solo está destinado a las publicaciones físicas y no a las publicaciones en línea.

Si tu modelo de negocio se vale de licencias Creative Commons o modelos de acceso abierto también te afectará. En España, una entidad de gestión de derechos de autor gestiona tus fragmentos y cobra por ellos, te guste o no. Además, cualquier contenido con licencia Creative Commons tendrá que enfrentarse a una nueva batería de derechos que reemplazan los permisos que ya hayas establecido.

Aparte de la inseguridad jurídica y el riesgo de litigios que golpean a todo el sector, cual martillo que se lleva por delante la innovación y disuade a los inversores de las empresas emergentes europeas, deberías tener cuidado porque la definición es bastante amplia.

En España, por ejemplo, el objetivo son los contenidos «divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento» (véase una excelente comparativa aquí). ¿Qué quiere decir esto?

Su alcance va mucho más allá de los contenidos de los periódicos. Cualquier contenido «de actualización periódica» en Internet recibe el mismo tratamiento que las «publicaciones periódicas». Podría esgrimirse que esto es inevitable: la noción de «semanal» o «diario» no refleja realmente cómo los periódicos publican las cosas en línea.

En segundo lugar, es mucho más amplio que «noticias». ¿Qué contenido no tiene una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento? Desde un blog a Wikipedia o una revista científica abierta, todos estos tipos de contenidos reciben el nuevo derecho, lo quieran o no.

Al menos así es como lo ve la Comisión. La consulta considera explícitamente la introducción de derechos para los editores de noticias, libros y contenidos científicos y médicos.

Desgraciadamente, que hayas obtenido la licencia de los titulares de los derechos de autor para utilizar contenidos protegidos por derechos de autor no te protege de todos los riesgos.

Si has celebrado acuerdos para utilizar materiales escritos, ahora tendrás que considerar como licenciarás dos derechos: no solo los derechos de los autores, sino también el nuevo derecho para los editores. Si tus acuerdos son licencias Creative Commons, la cuestión puede ser incluso más compleja: para empezar, ¿sabes quién es el «editor» del contenido con licencia Creative Common? Según los planes, tendrías que obtener la autorización de este.

En definitiva, tendrás que tratar los contenidos y los fragmentos por separado, y las personas con las que tienes que tratar no son solo los autores, lo que sería comprensible, sino también las entidades de gestión colectiva. Exigen que declares el uso de fragmentos, indiques qué uso les das y, a continuación, te enviarán la factura correspondiente.

Las empresas emergentes tienen una mentalidad global desde el primer día. Lo que sí sabemos en estos momentos es que este derecho auxiliar para el editor sería europeo y, según nos consta, nadie más fuera de Europa ha tenido una idea similar.

Sinceramente, no queremos ni pensar en otra norma artificial incompatible con el medio en línea.

Si se da luz verde a este derecho de ámbito exclusivamente europeo, es posible que nos encontremos con más servicios y contenidos de fuera de Europa que prosperan en línea. Mientras los europeos aprenden a enfrentarse a esta nueva batería de derechos sobre los contenidos europeos, el resto del mundo seguirá avanzando. Los contenidos de fuera de Europa ganarán popularidad, se compartirán más ampliamente y a los editores se les podría ocurrir un nuevo plan para neutralizar la situación.

Alguna innovación se trasladará a otra parte: si, por ejemplo, tu producto se dedica al análisis, tratamiento o extracción de datos o contenidos de Internet, es probable que te resulte más fácil hacerlo en otros países. Esta situación ya se está dando con las instituciones de investigación, y esto solo viene a empeorarla. Este nuevo derecho es, de hecho, el instrumento definitivo contra la extracción de texto y de datos.

Aquí puedes leer lo que el profesor experto en Internet, James Boyle, puede decir sobre este problema. Y aquí tienes un ejemplo: un nuevo derecho sobre los contenidos de los editores perjudica a las técnicas de computación e innovación basadas en datos de carácter innovador, como son la extracción de texto y datos. Anima a la investigación a trasladarse a otra parte para mantener su competitividad.
Creative Commons y otros modelos abiertos forman parte, frecuentemente, de modelos de negocio innovadores para las empresas emergentes. Creative Commons también es importante en determinados sectores, como por ejemplo la investigación, la ciencia y la enseñanza, en los que las oportunidades de innovar abundan. Algunos periódicos de éxito se basan en Creative Commons, como es el caso de El Diario en España.

En España, sin embargo, el derecho auxiliar para los editores se opone frontalmente a Creative Commons. Los derechos sobre las citas y los extractos de texto, de haberlos, dejan de ser tuyos y se entregan a las entidades de gestión. De esta forma, dicha entidad, por ley y en tu nombre, concede licencias y recauda el pago por tus contenidos, te guste o no, e independientemente de que los contenidos sean Creative Commons o no. Véase esto para obtener más información.

Es difícil determinar de qué otras formas afecta a las licencias Creative Commons el nuevo derecho del editor que cubre los fragmentos y las actividades en línea y fuera de línea. A primera vista, todo el contenido publicado, también en línea, tendrá un nuevo derecho del editor que, por defecto, no afectará a Creative Commons.

Los derechos auxiliares destinados a los editores hacen que sea más difícil para las aplicaciones y los sitios web indexar contenidos y desarrollar herramientas para compartirlos. Piensa en cómo compartirías un artículo o blog que encontrases en Internet con tan solo una URL y ningún «fragmento de texto» o vista previa.

Resulta negativo para la diversidad y el acceso a la información, hace que sea más difícil encontrar en línea fuentes alternativas de noticias (blogs, sitios de noticias totalmente en línea, etc.) y desarrollar un modelo de negocio.

Es negativo para los consumidores, que tienen que esforzarse más para encontrar lo que quieren en línea. Se calcula que en España se producirán pérdidas anuales de 1 850 millones de euros para los consumidores.

Es malo para la investigación y la enseñanza. Asimismo, un nuevo derecho para los editores implica una complejidad y costes mayores en acciones como la copia y el uso de materiales en las aulas; la concesión de licencias de bases de datos de investigación; el préstamo de libros en la biblioteca; el uso de técnicas de computación para extraer contenidos (extracción de texto y datos).

Algunos alegan que no afecta directamente al acto de enlazar. Ni las comunicaciones oficiales ni las propuestas legislativas mencionan explícitamente la acción de enlazar o compartir.

No obstante, el uso en línea de «fragmentos», imágenes y extractos de texto están en el punto de mira. Además, si puedes enlazar pero no te permiten utilizar texto, imágenes, títulos de blogs o artículos, lo único que tienes es un conjunto de URL azules, sin contar, obviamente, las URL que reflejan el título de un blog o un artículo.

Así, la capacidad para desarrollar herramientas que permitan compartir enlaces a contenidos en línea o integrar contenidos de Internet, por ejemplo, se verá gravemente obstaculizada. Sin la posibilidad de enlazar, la experiencia de los usuarios se verá, sin duda, comprometida.

Con la versión ampliada del derecho auxiliar el panorama es aun peor, ya que introduce derechos de autor por partida doble en todo Internet.

Existen cerca de mil millones de sitios web y miles de millones más de páginas web en línea a día de hoy. Si está en formato escrito (por ejemplo, un periódico, un libro o una revisión científica), entonces está sujeta a un nuevo derecho de autor.

Esto no es solo totalmente innecesario, sino que además será una auténtica locura saber cuándo puedes usar contenidos de Internet y saber a quién tienes que pedirle permiso.

A los editores de noticias les está costando mucho adaptarse a la evolución digital. Quizá opinan que son las empresas tecnológicas de Estados Unidos las que principalmente están teniendo un éxito considerable a la hora de desarrollar modelos de negocio en línea. De esta forma, parece que sugieren que la legislación en materia de derechos de autor es la mejor forma de obtener dinero procedente de dichas empresas tecnológicas.

Aparte de eso, nadie entiende realmente la lógica. En palabras de un comentarista: «Si aplicamos la misma lógica, los locales de conciertos podrían prohibir a los conductores de taxi llevar a las personas a sus conciertos a menos que paguen una “compensación” al local por llevarles clientes hasta la puerta. En un entorno en que

una legislación en materia de derechos de autor cara, inconexa y anticuada ya está causando daños considerables a la economía europea, este planteamiento puede ser una broma, pero no tiene ninguna gracia».

El tráfico hacia las principales organizaciones de noticias tradicionales que procede de servicios en línea les favorece; les brinda la oportunidad de atraer lectores y ganar dinero. Se calcula que en Francia, Alemania, España y el Reino Unido el tráfico web hacia editores de noticias procedente de servicios de terceros (desde sitios como Google News, Facebook, Twitter, pero también correo electrónico, etc.) reportó 746 millones de euros en ingresos a estos editores de noticias.

¡No! Ni mucho menos. No hay que confundir el periodismo, los nuevos medios digitales y los antiguos medios impresos cuando se aborda este debate. Esta propuesta pretende mantener los modelos de negocio de un número reducido de editores de noticias con poder. No beneficia a los periodistas en nada. No beneficia a las nuevas empresas de medios que se valen de aplicaciones y de la web para cultivar una audiencia y desarrollar un negocio.

De hecho, el nuevo derecho perjudica a estas nuevas empresas de medios innovadoras. En España, el derecho auxiliar no solo no ha beneficiado a los editores de noticias en absoluto, sino que, además, los que más han se han visto afectados son los que se valen de Internet para llegar a nuevos lectores: las empresas emergentes. Si ya dispones de una marca potente en el sector de las noticias, no dependes tanto de Internet para que la gente sepa dónde encontrarte.

El nuevo derecho también perjudica a los periodistas, puesto que está concebido para que los editores puedan obtener una proporción mayor de los ingresos por derechos de autor que se comparten con los periodistas.

No se trata de una tasa, sino de derechos de autor. No solo afectará a Google: los derechos de autor son derechos de propiedad, afectan a todo aquel que entre dentro de su alcance. Google, Facebook y Twitter resultan más interesantes porque pueden pagar y las empresas emergentes normalmente no. Aparentemente, los que quieren que este nuevo derecho de autor prospere lo ven como un daño colateral aceptable.

Se le denomina «tasa por enlazar» o «tasa por fragmento» porque en España y Alemania hace extensivos los derechos de autor a los fragmentos o pequeños extractos de texto. Estos fragmentos se utilizan en Google News, Facebook y Twitter para enlazar y describir el enlace. Sin un extracto, un enlace es tan solo una URL sin más. Si hay un extracto, o incluso un titular, tienes que pagar.

Ahora también se hace referencia a este como «derecho afín». Resulta fácil pensar que suena mucho mejor que «tasa por enlazar», que es más técnico, o que es algo de lo que no deberías preocuparte. Sin embargo, el derecho propuesto se acaba de volver más ambicioso y está previsto que combine este derecho en los fragmentos en línea con un derecho más amplio para los editores de noticias, libros o textos científicos, entre otros.

En el fondo, esto implica más beneficiarios (lo que tiene sentido, ya que no puedes definir realmente lo que son «noticias») y una temática más amplia (básicamente cualquier cosa publicada, en línea y fuera de línea, por escrito). También implica que son más las actividades afectadas, ya sean fuera de línea (impresión, copia) o en línea (conceder la licencia de un libro para incluirlo en un servicio como iTunes). Eso ya está amparado por los derechos de autor, y los editores obtienen esos derechos por contrato. Pero en paralelo quieren además su propio derecho de autor.

Así que acostúmbrate a ver doble (los derechos) y a una nueva batería de derechos de autor sobre cualquier cosa publicada en Internet.

Es probable que te afecte, ya sea directa o indirectamente. Si tu aplicación o programa utiliza contenidos de Internet, en ese caso podrías tener problemas. Lo mismo sucede si utilizas contenidos de noticias o indexas contenidos de la web.

De manera directa, son varios los casos de empresas emergentes que han cerrado por leyes sobre derechos de autor similares. Indirectamente, algunas han cerrado productos e invertido en otra parte por miedo a los litigios legales con las entidades de gestión de derechos de autor. Otras han visto cómo su financiación se evaporaba porque los inversores se desvinculaban ante los riesgos legales.

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Firma nuestra carta abierta a la UE:

No protejamos Internet con derechos de autor para los editores de noticias por partida doble; apoyemos en su lugar la creatividad y la innovación

Nosotros, las empresas emergentes, los empresarios digitales y las asociaciones estamos preocupados por las nuevas propuestas de la Comisión Europea para crear un nuevo cuasiderecho de autor de amplio alcance para beneficio de los editores de noticias.

Hemos sido testigos presenciales del efecto negativo de estas propuestas en España y Alemania, que han sido criticadas en todo el mundo. Hemos visto cómo se debilitaba el potencial de innovación digital de Europa a medida que las empresas emergentes de dichos mercados cerraban u optaban por otras actividades o ubicaciones.

No disponemos de los recursos para librar batallas por derechos de autor ni para contratar ejércitos de abogados. Los nuevos riesgos jurídicos repercuten en nuestra línea de flotación directamente, consumiendo nuestras fuentes de financiación.

Nos mueve el deseo de innovar, crear y hacer del mundo un lugar mejor. Como innovadores y creadores, y frecuentemente también titulares de derechos de autor, creemos que deberíamos tener voz para definir cuál es la forma en que los derechos de autor pueden funcionar mejor para nuestra comunidad.

Sí, comprendemos que la UE pueda considerar diferentes derechos a los adoptados en Alemania y España. No obstante, no creemos que un punto de partida tan deficiente en lo esencial deba o pueda ser mejorado.

Unas normas nuevas que beneficien a los editores de noticias son un paso atrás respecto a un régimen de derechos de autor con visión de futuro y que favorece la innovación. Enfrentan la tecnología y la innovación contra la creatividad. Intentan hacer retroceder los elementos fundacionales de Internet. Muestran una falta de entendimiento sobre cómo funciona la creatividad en el entorno digital.

La idea de que todo lo que se publique por escrito en Internet deba obtener un nuevo conjunto adicional de cuasiderechos de autor es una locura. Supone proteger con derechos de autor todo Internet. Otra vez. Promete una nueva oleada de inseguridad jurídica, complejidad y burocracia para todas las empresas, grandes y pequeñas, que se esfuerzan por aprovechar el poder del mundo digital en aras de una mejora social y económica.

Nos oponemos firmemente a un paso en esta dirección y pretendemos poder participar en unos derechos de autor más progresivos y con visión de futuro que nos reconozcan como motores fundamentales de una economía creativa e innovadora.

Responde al cuestionario de la Comisión en línea